lunes, 24 de septiembre de 2012

La Feria

 

Días de feria en época de lluvias. Hay un rincón para la ilusión  de la inocencia. A su circunferencia sigue caminando el mundo voraz e inescrupuloso, quizás un monstruo, pero esta vez va herido de sonrisas, de primeros besos y los atardeceres de octubre. Se abren los poros al calor de la mañana que va convirtiéndose en día y que con el transcurrir de las horas amenaza con lluvia. Pero no llueve, o llueve muy poco.  

Ruedas de la fortuna, el carrusel,  las sillas voladoras y  las golosinas. Los bares y comedores que se improvisan sobre la vía publica en donde la gente sale, sonríe y toma algunas cervezas. Algunos se pasan de copas y terminan en pleitos, o suspirando por un amor del ayer. Otros gritan bailan y se enamoran. La música y los sonidos de las maquinas tragamonedas, entremezclados con lociones baratas  y frituras de harina.

-“¡El borracho!” ¡Compre su cartón! ¡La chalupa!  ¡pruebe su suerte!  ¡El corazón!
-¡Lotería! grita el hombre que  gana  una moderna vajilla  y que mas tarde se emborrachará hasta embrutecerse, embarcándose en el hechizo oscuro de algún perfume de mujer , para terminar crucificado en el asfalto , clavado por los rayos de sol de medio día mientras un niño  brinca en un solo pie sobre uno de sus brazos.

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